La emoción es la fuente de energía humana, es la llave que debe guiar a los niños, primero para entenderse a sí mismos, y para después, entender al mundo.
Sucede a menudo que los niños atraviesan emociones y se les presenta un verdadero desafío liberarlas. Emociones que por su temprana edad aún no saben describir o catalogar en una o varias palabras; incluso saber por qué han llegado y de dónde (cuestión con la que también tenemos que trabajar los adultos). Pero saben que están y LAS SIENTEN a flor de piel.
Es en ese momento en el que los padres y el entorno familiar pueden encontrarse en la incertidumbre e incomprensión. Se generan situaciones únicas, particulares y a veces estresantes, y ni siquiera la experiencia que tengamos con otro de nuestros hijos o las recomendaciones de otros padres suelen ser suficientes.

Los niños, como cada ser humano que habita este mundo, son únicos, especiales e irrepetibles. Y si hay algo que necesitan siempre es comprensión. Los niños con emociones contenidas son niños con altas demandas encerrados en sus “palacios internos”, en espacios herméticos donde no encuentran puertas mediante las cuales expresar esa emoción contenida, esa necesidad.
Desde nuestra mirada, que adhiere con la visión de la Decodificación Biológica, vemos a los niños como espejos de sus padres y su historia ancestral. Ellos son nuestros mensajeros directos durante su infancia y pubertad, hasta que adquieren su propio rol en el árbol familiar.
Es por eso que sus emociones expresadas son mensajes a ser recibidos; y por ende sus emociones bloqueadas son voces que aún no han podido ser escuchadas. Una emoción bloqueada es una espina rodeada por un muro de piedras. Si levantamos más muros, la espina quedará aún más escondida, así pues, el primer paso debería ser retirar cada piedra de esa pared a través de la comunicación y el afecto.

¿Cúando hacemos más altos esos “muros” (bloqueadores de emociones)?

  • Cuando les recriminamos “errores” sin explicarles ni fundamentarles la naturaleza de ese “error”. Y más aún, cuando no les damos herramientas para lidiar ante una futura repetición de la situación. El error, desde nuestro entendimiento, es una oportunidad de encaminarnos hacia un nuevo aprendizaje y trascendencia de nuestra consciencia
  • Cuando apelamos a los castigos. Muchas veces, recurrimos a castigos que requieren reflexiones y resoluciones adultas, por lo que terminan generando más confusión en los niños y hasta efectos contrarios a la proyección del “castigador”

Por ejemplo, un niño tiene un “mal día” porque tuvo pesadillas o porque le dijeron que no se porta bien en la escuela. Al llegar a su casa y hablar con sus padres, les contesta mal y por ello lo castigan obligándolo a reflexionar en su habitación toda la tarde. ¿Ocurre realmente una reflexión posteriormente? Nosotros creemos que no. (Algunos creen que sí, porque han logrado con este método que los niños modifiquen su conducta, pero eso no quiere decir que hubo un proceso y una reflexión, sino que más bien hubo una automatización). Lo que nunca vamos a podemos lograr, eligiendo más o mejores castigos -si eso fuera posible-, es liberar esa emoción que es la real desencadenante de todo este ejemplo.

  • Cuando apelamos a los “premios”, que funcionan bajo la misma lógica que los castigos. Si bien producen un efecto positivo, fomentan la satisfacción externa y la emoción, que opera internamente, sigue sin liberarse. Desde nuestra mirada valoramos más el optimismo ante los procesos que ante los resultados
  • Cuando nos culpabilizamos ante la incapacidad de poder ayudarlos. Este aspecto es sumamente destructivo, porque nos afecta emocionalmente a nosotros y además transmite ese sentimiento directamente a los niños, que lo perciben todo. Tampoco culparnos por culpabilizarnos. O sea, por ejemplo, leyendo este ítem y sintiéndonos culpables por haberla sentido alguna vez. En definitiva, debemos asumir desde el principio que NO EXISTE CULPA EN ABSOLUTO (ni culpables).

¿Cómo podemos ayudarlos a canalizar sus emociones?

La experiencia y la creatividad son valiosos aportes que los padres (y todo adulto) pueden dar a los niños para acompañar un desarrollo de niños saludables, conscientes y llenos de amor. Es por eso que debemos ser partícipes de sus mundos, unos mundos seguros donde se sientan cómodos para expresar esa emoción contenida que les permita conocerse, desahogarse, sentirse más libres y seguros para avanzar por cada uno de los escenarios de sus vidas.
Aún así, la pregunta nos invita a profundizar en múltiples aspectos y a proponer diversas herramientas (que por su extensión abarcaremos en un próximo artículo). Pero las bases se sostienen en el incremento de “dosis” de apoyo, atención y comprensión, que abrirán posibilidades a desbloquear esas emociones.
Y sobre todo en un aspecto fundamental, que será el de observar cada situación rastreando su origen, posicionarse en un lugar distinto al anterior, y desde allí encontrar un nuevo significado.

 

Fuentes de inspiración

– Cortometraje “Solo respira”: https://www.youtube.com/watch?v=kAG…
– Artículo web “Detrás de un niño difícil hay una emoción que no sabe expresar” https://lamenteesmaravillosa.com/de…

Fotos

– Espacio Vivo Munay

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s