| Extracto de “La biología de la transformación” de Bruce H. Lipton y Steve Bhaerman |

Teniendo en cuenta los heroicos esfuerzos que hacen falta para salvar nuestras propias vidas, ¿qué posibilidades tenemos de salvar el mundo? Frente a las crisis globales actuales comprensiblemente reculamos, abrumados por una sensación de insignificancia y parálisis: somos incapaces de influir en los problemas del mundo. Resulta mucho más sencillo entretenernos con los reality shows de la televisión que participar en nuestra propia realidad. Pero piensa lo siguiente:

CAMINAR SOBRE FUEGO

Durante miles de años, personas de numerosas culturas diferentes y religiones de todas partes del mundo han caminado sobre fuego. Recientemente, una joven canadiense de 23 años llamada Amanda Dennison estableció el récord Guinness mundial de caminata sobre fuego en junio de 2005: la joven recorrió 67 metros sobre carbón a una temperatura de entre 871 y 982 grados centígrados.

Amanda no saltó ni voló, lo que significa que sus pies estuvieron en contacto directo con el carbón ardiente durante los 30 segundos que le llevó completar el recorrido.

Muchas personas atribuyen la habilidad de evitar las quemaduras durante la caminata a una serie de fenómenos paranormales. Por el contrario, los físicos sugieren que el presunto peligro es un engaño, y aseguran que las brasas no son buenas conductoras del calor y que los pies de la persona que camina sobre su superficie mantienen un contacto limitado con el carbón. Sin embargo, muy pocos de ellos se han quitado los zapatos y las medias para desplazarse sobre los carbones ardientes y ninguno ha batido el récord de Amanda. Y además, si los carbones son en realidad tan benignos como sugieren los físicos, ¿cómo se explican las graves quemaduras que sufren ingentes cantidades de «turistas accidentales» en sus caminatas sobre el fuego?

Nuestro amigo, escritor y psicólogo el doctor Lee Pulos ha invertido un tiempo considerable en el estudio del fenómeno de la caminata sobre fuego. Y un día él mismo se atrevió valientemente a experimentarlo. Con los pantalones arremangados y la mente despejada, Lee caminó sobre brasas ardientes. Y cuando llegó al otro extremo, se sintió feliz e inspirado al comprobar que sus pies no mostraban signo alguno de traumatismo. También le sorprendió mucho descubrir, al desenrollarse los pantalones, que los bajos se deslizaban sobre unas marcas de quemaduras superficiales que rodeaban cada pierna.

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Caminata sobre brasas. Una tradición llena de “misterios” que se encuentra en distintos puntos del mundo.

                Independientemente de que los mecanismos que permiten caminar sobre el fuego sean físicos o metafísicos, un resultado es claro: quienes esperan que el carbón les queme la piel sufren quemaduras; y quienes no, salen indemnes. En otras palabras, el determinante fundamental es lo que el caminante cree. Quienes completan con éxito la caminata sobre fuego experimentan, de primera mano, un principio clave de la física cuántica: el observador – en este caso, la persona que camina – es quien crea la realidad.

Mientras tanto, en el extremo opuesto de espectro climático, la tribu bakhtiari de Persia camina sobre la nieve y el hielo sin calzado durante días por un puerto de montaña a 4.572 metros de altura. En los años 20, los exploradores Ernest Schoedsack y Merian Cooper realizaron el primer largometraje documental, una brillante realización premiada, cuyo título capta la migración anual de los bakhtiari, una raza de nómadas que no había tenido ningún contacto previo con el mundo moderno.

Dos veces al año, como lo llevan haciendo durante siglos, más de cincuenta mil personas y un rebaño de medio millón de ovejas, vacas y cabras cruzan ríos y montañas de hielo cubiertas de hielo para llegar a verdes prados.

Para trasladar su ciudad viajera por el puerto de montaña, estos individuos fuertes y descalzos cavan un sendero en el hielo y la nieve que cubren el pico de Zard-Kuh (Montaña Amarilla), de 4.267 metros de altura. ¡Lo increíble, en el caso de estas personas, es que ignoraban que podían morir de frío por no llevar calzado y caminar sobre la nieve durante días!

La cuestión es que, hablemos de pies helados o de pies carbonizados, los humanos no somos tan frágiles como creemos.

LEVANTAR PESAS

Todos conocemos la halterofilia, actividad en la que unos hombres y mujeres musculosos levantan pesas. Semejante esfuerzo requiere de una intensa práctica y, quizá, también de algunos esteroides. En una rama específica de este deporte, denominada levantamiento de pesas total, los poseedores del récord mundial levantan entre 317 y 362 kilos, y las campeonas femeninas entre 204 y 226 kilos.

Si bien estos logros son algo fuera de lo común, existe mucha información sobre personas que no se entrenan ni son atletas y sin embargo realizan sorprendentes hazañas de fuerza. Para salvar a su hijo que se encontraba atrapado, Ángela Cavallo levantó un Chevrolet de 1964 y lo mantuvo en el aire durante cinco minutos mientras llegaban unos vecinos, colocaban un crique, y rescataban al niño inconsciente. En otro caso similar, un trabajador de la construcción levantó un helicóptero de 1.360 kilos de peso que se había estrellado en un desagüe, dejando atrapado a un amigo suyo bajo el agua. Esta proeza, grabada en video, consistió en que el hombre lo sostuvo en alto mientras otras personas sacaban a su amigo de debajo de los restos.

Bruce Willis en la película El Protegido (2000). En una escena, su personaje salva a su esposa levantando un auto, emulando este tipo de acciones que han podido registrarse en contados casos.

Despreciar estas proezas por considerarlas consecuencia de una descarga de adrenalina es un error. Con adrenalina o sin ella, ¿cómo es posible que un hombre no entrenado, o una mujer, levanten y sostengan media tonelada o más durante un tiempo considerablemente prolongado?

Estas historias son destacables porque ni la señora Cavallo ni el trabajador de la construcción podrían haber llevado a cabo semejantes actos de fuerza sobrehumana en circunstancias normales. La idea de levantar un coche o un helicóptero es inimaginable. Pero con la vida de su hijo o su amigo en juego, estas personas dejaron inconscientemente a un lado sus creencias limitadoras y centraron su intención en la idea más destacada en ese momento: ¡Debo salvarle la vida!

BEBER VENENO

Todos los días limpiamos nuestro cuerpo con jabones que eliminan las bacterias y fregamos nuestra casa con potentes detergentes antibióticos. Por consiguiente, nos protegemos de los mortales gérmenes omnipresentes en nuestro entorno. Para recordarnos lo susceptibles que somos frente a los organismos invasores, los anuncios de televisión nos aconsejan que limpiemos el mundo a fondo con poderosos detergentes y nos enjuaguemos la boca con eficaces colutorios… ¿o es al revés? Los Centros para el Control y la Prevención de la Enfermedad, junto con los medios, se ocupan de informarnos constantemente sobre los peligros de la última gripe, el VIH y las plagas que transportan los mosquitos, las aves y los cerdos.

¿Cuál es la razón por la que nos preocupan estos pronósticos? Porque hemos sido programados para creer que las defensas de nuestro organismo son débiles y susceptibles de ser invadidas por sustancias extrañas.

Por si las amenazas de la Naturaleza no fueran suficientemente malas, también debemos protegernos de los subproductos de la civilización humana. Los venenos creados por el hombre y las cantidades masivas de productos farmacéuticos de desecho están contaminando nuestro medioambiente. Los venenos, las toxinas y los gérmenes pueden matarnos; todos lo sabemos. Pero también están quienes no creen en esta realidad… y viven para contarla.

En un artículo que combina la genética y la epidemiología publicado en la revista Science, el microbiólogo V.J. DiRita explicó: «La epidemiología moderna parte del trabajo de John Snow, un médico inglés cuyo cuidadoso estudio de las víctimas del cólera le permitió descubrir que esta enfermedad se transmite a través del agua. El cólera también participó en el desarrollo de la bacteriología moderna: 40 años después del descubrimiento clave de Snow, Robert Koch desarrolló la teoría bacteriológica de la enfermedad tras identificar la bacteria Vibro cholerae, que tiene forma de coma y es el agente que causa el cólera. La teoría de Koch, cómo no, tuvo detractores, uno de los cuales estaba tan convencido de que V. cholerae no era la causa del cólera que bebió un vaso lleno de bacterias para probar que eran inofensivas. Por razones que nadie se explica, el hombre no manifestó síntoma alguno, pero de todas formas se equivocó».

Así que tenemos a un hombre que, en 1884, desafió hasta tal punto la opinión médica aceptada por aquel entonces que para probar su teoría bebió un vaso de cólera y no desarrolló síntomas. Y para que nadie les ganara, los profesionales aseguraron que era precisamente él quien estaba equivocado.

Nos encanta esta historia porque deja en evidencia que la ciencia rechazó el audaz experimento de este hombre sin molestarse en investigar la razón de su aparente inmunidad, que seguramente nacía del ferviente convencimiento de que llevaba razón. A los científicos les resultó mucho más sencillo tratarlo como a una excepción irritante que cambiar las reglas que habían creado. En la ciencia, sin embargo, una excepción simplemente representa algo que todavía no se conoce o no se comprende. De hecho, algunos de los avances más importantes en la historia de la ciencia derivaron directamente de estudios sobre excepciones anómalas.

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Un detractor de la teoría bacteriológica de la enfermedad del cólera bebió un vaso lleno de bacterias Vibro cholerae y no desarrolló síntomas.

Ahora, piensa en la historia del cólera y combínala con esta sorprendente información: en la zona rural del este de Kentucky, Tennessee, y en ciertas regiones de Virginia y Carolina del Norte, vive un grupo de fundamentalistas devotos que conforman lo que se conoce como Iglesia de Santidad Pentecostal Libre. En estado de éxtasis religioso, los miembros de la congregación aportan pruebas físicas de la protección Divina a través de su habilidad para manipular serpientes de cascabel y cabezas de cobra sin correr ningún riesgo. Si bien muchos de estos individuos acaban con alguna mordedura, ninguno muestra los síntomas propios de envenenamiento.

La rutina de la serpiente es solo el primer acto. Los miembros de la congregación que son realmente devotos llevan el concepto de la protección de Dios un paso más allá. Para testificar que el Creador los protege, beben dosis tóxicas de estricnina sin sufrir efectos adversos. Así que la ciencia tiene un difícil misterio que digerir…

EXPERIMIENTAR UNA REMISIÓN ESPONTÁNEA

Todos los días, miles de pacientes escuchan las mismas palabras: «Ya tenemos el resultado de todas las pruebas y los escáneres coinciden… Lo siento, no podemos hacer nada más. Es hora de que regrese a casa y ponga sus cosas en orden porque el final está próximo». Para la mayoría de pacientes con enfermedades terminales como el cáncer así comienza su acto final. Sin embargo, hay quienes sufren enfermedades terminales pero expresan una opción más inusual y feliz: la remisión espontánea. Un día son enfermos sin esperanza de sobrevivir, y al siguiente dejan de serlo. Incapaces de explicar esta realidad desconcertante pero tan recurrente, los médicos convencionales prefieren, en esos casos, llegar a la conclusión de que el diagnóstico había sido incorrecto…, a pesar de lo que las pruebas y los escáneres revelaban.  

Según el doctor Lewis Mehl-Madrona, autor de Coyote Medicine, la remisión espontánea suele estar acompañada de un «cambio de historia». Muchos se motivan a sí mismos fijándose el propósito de elegir un destino diferente contra todas las previsiones. Otros simplemente dejan atrás su antigua forma de vida con su correspondiente estrés, considerando que pueden relajarse y disfrutar del tiempo que les queda.

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Los resultados de las pruebas y escáneres de la medicina convencional pueden llevar a “conflictos de diagnóstico”. Sin embargo, muchos pacientes han revertido su situación mediante un “cambio de historia”; nada menos que un cambio interno: una convicción sincera.

Y entonces, en algún punto del acto de vivir plenamente el resto de sus días, sus enfermedades desatendidas desaparecen. Éste es el ejemplo más claro del poder del efecto placebo, en el que ni siquiera hace falta toma una píldora de azúcar.

Ahora plantearemos una idea totalmente descabellada. En lugar de invertir todo nuestro dinero en la búsqueda de los escurridizos genes que permiten prevenir el cáncer o de las consideradas «balas mágicas» que curan sin efectos colaterales negativos, ¿no sería más sensato dedicar también una buena cantidad de energía a la investigación del fenómeno de la remisión espontánea y otros cambios médicos radicales no invasivos asociados al efecto placebo? Sería sensato, pero como las empresas farmacéuticas no han dado con una manera de envasar la cura a través de placebos ni pueden fijar su precio, no encuentran ninguna motivación para estudiar este mecanismo innato de curación.

¿NECESITAMOS LA CIRUGÍA? ¿O SOLO UN «GOLPE DE FE»?

Todos los que caminan sobre carbón ardiente, beben veneno, levantan coches o expresan remisiones espontáneas exhiben una característica común: la convicción inquebrantable de que tendrán éxito en su misión.

Y no creas que utilizamos la palabra «convicción» a la ligera: de hecho, los autores de este libro consideramos que no se trata de una característica que pueda ser cuantificada en una escala del 0 al 100 por 100. Por ejemplo, beber estricnina no es un juego para la población que «cree tener fe». Creer en algo es como estar embarazada: lo estás o no lo estás. La parte más difícil de las convicciones es que crees en algo o no crees.

[…] Si consideras que los extraordinarios ejemplos antes citados son excepciones, estamos de acuerdo. Sin embargo, aunque se trate de excepciones que la ciencia convencional no puede explicar, lo cierto es que mucha gente las experimenta. […] Y como ser humano que eres, posiblemente conseguirías lo mismo, o más todavía, si tuvieras fe. ¿Te suena familiar?

Además, si bien estas historias son excepcionales, debemos tener en cuenta que la excepción de hoy puede fácilmente convertirse en la ciencia aceptada de mañana.

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FUENTE:

    “La Biología de la Transformación” – Dr. Bruce H. Lipton y Steve Bhaerman P. 40-46

https://www.brucelipton.com/

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